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Crónicas

Reflexiones

por Marina Sancho,

Jueves 29 Julio

Echada al suelo de Boadilla, al lado de las mochilas que aún restan por recoger, me pongo a hablar con Iñigo de la Quadra-Salcedo, después de un largo periodo sin hablar con él. Le comento que me he dado cuenta de muchas cosas y que sin saber como explicarlo, noto que en algo estoy cambiando.

Así de primeras, he notado cosas que antes no notaba. A mi no me importó estar mojada en Teotihuacan encima de una pirámide dedicada al templo del sol, a mil kilómetros de mi casa y con 300 chicos mas de mi edad, con una tromba de agua. Lo aprecié, me dije; ¡qué afortunada soy! O hacer aeróbic a las 6:00 de la mañana en una playa de Veracruz, con el sol a medio salir. Lo aprecié me dije; ¡qué afortunada soy! O dormir vivaqueando en el foso de un castillo medieval con gente de todo el mundo. Lo aprecié, me dije: ¡qué afortunada soy!

Momentos duros no faltaron, como el de las abejas, en el San Martín de Tuxtla. Tengo que reconocer que al principio me hizo gracia, pero cuando me vinieron a mi las abejas, ya no reía tanto. Oía el “zum-zum” de la abeja en mi oído y no alcanzaba a verlas, pensaba que si me salía del camino ya no serian abejas sino boas los animales que tendría encima. Por mucho que salté no evité las tres picaduras en el cuello, mi amiga, la loca de Alicante que tenia delante, Paula Arnau, se puso histérica y eso me asustaba más. Qué mejor que tener un enjambre de abejas asesinas para ti sola, una compañera muy alterada y encima levantar la vista y ver a Carlos Pécker grabándote. Nada mejor, os lo aseguro.

Momentos de rebelión en el Popo, aunque yo, una de las que tendría que estar más defraudada, no lo estoy. Simplemente, es analizar la situación y decirse porque se hace. Yo, que hice el trabajo sobre los volcanes y más aún sobre el Popo, sabía en que condiciones estaba el volcán. La pagina del CENAPRED, antes de irme de mi casa, marcaba que el volcán estaba en nivel amarillo. ¿Os acordáis del semáforo? Por eso si se necesitan unas tomas de televisión, y el día es favorable, ¿por qué arriesgarse al segundo día que a lo mejor llueve? Yo estaba en el segundo grupo, el denominado “el más duro” y sinceramente no hay que marcar todo el viaje de México por un “obligado” cambio de planes de última hora.

Otro tema, el tema Jesús Luna y Miguel de la Quadra-Salcedo. ¿A quien apreciamos más los expedicionarios? A Jesús Luna, está claro. Pero, yo os hago una reflexión que me hice a mi misma, en el momento en que Diego Oriol, el chico que estaba sentado a mi lado en el bus el ultimo día, me enseñó un libro sobre Miguel, una biografía. ¿Quién se ha preocupado por saber la biografía de Miguel de la Quadra-Salcedo?

Todos conocemos a Miguel de la Quadra-Salcedo por sus viajes rodeados de jóvenes en la Ruta Quetzal BBVA. Pero, lo que poca gente conoce, es su verdadera historia, esa que le convierte en uno de los aventureros y exploradores más importantes de todo el siglo XX: ha estado viviendo en el Amazonas con su familia; grabando en el Congo en plena revolución; está en posesión del récord del mundo de jabalina, al estilo español y estuvo a punto de ser fusilado unas cuantas veces.

Superdeportista, ballenero, domador de fieras, especialista de cine, ingeniero agrónomo (la carrera que estudió), conductor de camiones en los Andes. Poca gente sabe con quién hemos tenido la oportunidad de codearnos.

Sinceramente, yo tampoco me había preocupado de saber nada de Miguel, pero me bastó ver unas cuantas fotografías de Miguel, para saber ante que ser me había estado relacionando.

¿Por qué veneramos tanto a Luna? Es simple, Luna es el jefe del campamento, y es al que vemos siempre, él nos despierta, camina con nosotros en las marchas, nos ayuda, y …

Pero, ¿De quién fue la iniciativa de la Ruta Quetzal?. De Miguel. ¿Gracias a quién estamos donde estamos?. Gracias a Miguel. Os imagináis el prestigio que tiene este hombre, si consigue que el Rey nos haga una audiencia, que el banco más poderoso nos patrocine, que una marca carísima nos dé el material, que destacadas personalidades del mundo de la cultura y de la ciencia nos impartan conferencias.

Lástima, de haberme dado cuenta de esto el último día. Pero tanto Miguel, como Luna, se merecían el mismo aplauso y el mismo reconocimiento en el San Lorenzo del Escorial.

Últimas 12 horas

Primero una ducha y luego la cena. Antes de empezar la noche con la fiesta, mi monitora nos hace un breve comentario sobre todas las chicas y sobre su experiencia, luego le damos un pequeño detalle y un fuerte abrazo. José Luis Cuesta, el incansable fotógrafo de la Ruta, nos tiene preparada una pequeña sorpresa, una selección de sus mejores fotos que todos miramos encantados a través de la improvisada pantalla – una tela blanca sujeta en el camión de material- las fotos se suceden una tras una y los aplausos animan a Iñigo de la Quadra-Salcedo que, con la ayuda de Guille, nos pone una selección de los videos que aparecen en la web.

Arranca la fiesta con música y una discjockey muy especial, Mar Aldaz, con quien tantos momentos buenos he pasado. Todo se termina, y cansada desaparezco bajo mi saco, rota por el cansancio de andar mucho, con un dedo del pie malo.

Noche de fiesta y noche de despedidas. A la mañana siguiente, el bus de sudamericanos se marcha muy temprano, como locos, los expedicionarios se afanan en despedirlos, no tardan en salir las primeras lagrimas para aquellos que muy difícilmente volveremos a ver.

Padres y más padres aparecen y desaparecen con sus hijos. No lloro, se que no es un adiós para siempre, y eso me anima. Poco a poco, el flujo de 300 personas va desapareciendo, cada vez somos menos los que quedamos. Termino mi equipaje y nos vamos a la piscina de Boadilla, no me baño, pues ya lo tengo todo recogido, aprovecho para sentarme a la hierba e intercambiar unas palabras con la chica de Finlandia y la de Luxemburgo. A las 2:30 vivo mi último almuerzo con ruteros y a las 3:00 nos vienen a buscar los jeeps.

Lágrimas

El monitor Pablo me acompaña a facturar y después de dos besos y un abrazo, me deja por Barajas. Ya sola, deambulo por Barajas. Primero a comer, luego a llamar a casa y luego... a dormir un poco. Me encuentro con Migue, el chico de Tenerife que llevaba toda la mañana en Barajas y a las 20:00 embarca. El reloj no para, ya queda menos para embarcar y menos para llegar a mi isla. Me despido de Migue con otro abrazo y por el altavoz del aeropuerto dicen que ya podemos embarcar.

Asiento, 4F allí voy, está cerca, solicité ventanilla para ver mejor el mar y mi tierra. Se levanta la pareja y me dejan pasar a mi lugar. Me siento, me abrocho el cinturón y saco el anuario, página tras página recuerdo cada gesto de los expedicionarios.

No me doy cuenta del despegue, pues... me duermo antes de salir, por lo visto, estaba más cansada de lo que me imaginaba. Duermo sin preocupaciones...

De pronto, por el altavoz del avión oigo decir que empezamos a bajar, yo, en un extremo del avión abro los ojos y miro hacia abajo, el corazón me da un brinco, veo costa, mi costa. Me reincorporo un poco en mi asiento y con la mirada fija hacía la costa, empiezo a recordar. Momentos de la Ruta se visualizan ante mi como flashes. Nos acercamos más. Como entramos por la parte Suroeste de la isla el piloto tiene que volar encima de Mallorca para después girar el avión en dirección al aeropuerto.

Todavía es de día y por eso al sobrevolar Mallorca a poca altura empiezo a distinguir lugares. Sin querer me emociono y empiezo a llorar, un sollozo tranquilo y apaciguado. Sobrevolamos el puerto de Andratx -donde tanto voy en barca- , veo las Islas Malgrats – donde a veces recalamos con la lancha –, la playa de Santa Ponça y los hoteles de mi madre. Más lagrimas. Me doy cuenta de lo mucho que había echado de menos esos lugares y parajes. Seguimos descendiendo y pasando por más lugares conocidos. Alzo un poco la vista al horizonte: la bahía de Palma – como la había dejado – preciosa. El puerto náutico de Palma, con veleros, lanchas, yates... Más lagrimas se deslizan por mi mejilla, no quiero despertar el interés de la pareja que esta sentada a mi lado, así que me impongo calma.

El avión se endereza, estamos a punto de tocar tierra con las ruedas delanteras, 30 segundos antes de tocar suelo, veo los típicos molinos de viento y las posesiones al lado, y irremediablemente empiezo a llorar de nuevo. No había experimentado nunca esa sensación tan agradable, ahora seguro que apreciaré el doble mi ciudad y mi tierra.

El pesado avión reduce velocidad, nos estamos acercamos al aeropuerto, donde pasados unos minutos salgo pasando por el túnel hacia la recogida de equipajes. La emoción de estar en Mallorca, pasa a la emoción de ver a los familiares. Por fin, después de tantos días los podré abrazar y besar.

De camino a la cinta de equipajes, imagino la cara de mi querida madre y sin poder evitarlo, los ojos se me vuelven a inundar de lagrimas. Ya no me preocupa; que lo sepa todo el mundo, ¡estoy contenta de estar en mi Isla!

Los minutos de espera en la cinta, se me hacen interminables, pero entre las cortinillas diviso mi caja de phoskitos, utilizada para meter recuerdos del viaje, seguida de la caja, aparece mi mochila grande. Una mochila sola no impresiona a nadie, pero yo se que esa mochila tiene 317 hermanos más.

Ya estoy, empujo el carrito hacía a fuera, ya sólo una puerta me separa de mi familia.

Los sensores captan el carro y las puertas se abren... No me lo puedo creer, una pancarta enorme que dice:”Benvinguda Marina Ruta Quetzal 2004” y más de 30 personas entre amigos, familiares y prensa aguardaban mi llegada. Diviso a mi madre, y sin dudarlo dos veces me dirijo a ella, dejo el carro a un lado y la abrazo. Lágrimas suyas y lágrimas mías. Me controlo y empiezo a saludar y abrazar todo el mundo. Las 4 jóvenes periodistas que esperan una pequeña entrevista mía, tendrán que seguir esperando, aún me quedan muchas personas por saludar. Nos hacemos una foto con todos los que me han venido a esperar.

Me siento y las jóvenes periodistas sacan la libretas y las grabadoras, unas cuantas palabras de mi viaje les bastan.

Ya sola con mis padres y mi carrito nos marchamos hacia el coche. Al llegar a casa, me quedan todavía muchas fuerzas, para descargar mis mejores recuerdos, las fotos, en ningún momento había hecho un recuento para ver cuantas llevaba pero mayor es mi sorpresa al comprobar que he hecho 820 fotos. Las descargo y me meto en la web de la Ruta, cuantas cosas para ver y escuchar. En fin, ceno algo, me ducho y a la cama. Ha terminado la primera parte del viaje, ahora, queda la segunda...

Un beso y un fuerte abrazo para todos los ex- ruteros.