¿CADA PRINCIPIO TIENE SU FIN?
por Daniel Alejandro Ortiz Romero,
(Venezuela)
Sábado 28 Julio
Esta última crónica va dedicada a toda la Ruta
Quetzal, a mi eterno grupo 12 y en especial a
mi amiga Helen, de Uruguay que se que le
hubiese encantado poder hacer este relato
conmigo.
El 16 de junio llegaron a México D.F. las
tradicionales mochilas verdes con el símbolo de
la Ruta de 325 embajadores de todas partes del
mundo, llenas de pertenencias con olor a nuevo,
pero no solo cargaban cosas materiales sino
también estaban colmadas alegría, ilusión,
esperanza y ganas de aprender de cada uno de
los expedicionarios.
El cálido y colorido camino por el territorio
mexicano fue como una llave que poco a poco fue
abriendo nuestras mentes, almas y corazones al
mismo tiempo que nuestro cariño se transformó
en imanes ciegos que lograron acercarnos cada
vez más unos a otros sin distinción de razas,
religiones o pensamientos políticos tanto a
monitores y personal con los ruteros, así como
estos últimos con todos los demás
aventureros.
“Si quieres aventuras las vas a
encontrar…”, frase de las
gloriosas letras de la conocida “Moza de
Ruta Quetzal” himno de la expedición, es
del todo cierto ya que lo que inició como un
recorrido suave en México, en España sufrió una
metamorfosis y se convirtió en largas horas de
marchas continuas llegando a ser de
periodicidad diaria, siento la última de éstas
“El Reventón”, caminata a la que
solo escuchar el nombre se nos ponía la piel de
gallina. Hoy descendimos de nuestra penúltima
aventura (ya que como dijo Jesús Luna “No
hay una última aventura”) a 2080 metros
de altura en donde los eternos vecinos el sol y
la luna aparieron en un espectáculo lleno de
esplendor y color para despedirnos por todo lo
alto. Con ritmo constante andamos hasta llegar
al El Paular en donde un pozo de agua templada
después de un rato de adaptación nos permitió
relajarnos para luego asistir a una conferencia
acerca de la pintura, que llegó a nosotros por
medio de la voz del Profesor José Sánchez
Carralero. Posteriormente tomamos nuestra una
última ducha colectiva.
Partimos a Boadilla del Monte, sitio de grandes
recuerdos para los españoles, en donde
almorzamos y nos organizamos para partir al
acto de clausura en la Universidad Complutense
de Madrid. Al llegar a la Facultad de Medicina
de la UCM brotaron las primeras lágrimas al
despedir a nuestros por siempre amigos
uruguayos y chilenos, quienes para nuestra
sorpresa regresaron durante el pleno apogeo del
acto de clausura.
En este acto de cierre, recibimos nuestro
certificado tanto expedicionarios como
monitores como prueba de haber sido
protagonistas de la edición 2007. El último
“Moza de Ruta Quetzal” retumbó en
las paredes del auditorio, siendo esta canción
la más emotiva de todas. Posteriormente, nos
subimos a los autobuses, buses, camiones,
carros, peceras, autocares, entre otros
nombres, para regresar a Boadilla del Monte
para pasar en vela nuestra última noche juntos
todos los expedicionarios.
No queríamos que el reloj marcara las 4:00 de
la mañana porque a esa crucial hora partía
algunos de nuestros ruteros, pero
lamentablemente fue así. Sin alternativa de
parar las manecillas del reloj, llegaron las
6:00 de la mañana y mi corazón palpitó lo más
rápido que lo he sentido al ver como se
desvanecía una gran parte de mí entre millones
de besos, abrazos y lágrimas que se echaban a
correr cuando nos despedimos; ese sentir de
cómo se le contrae el abdomen tu amigo
tan cerca de ti y éste a su vez bañado en un
mar de llanto y destrozado por el dolor de
nuestra partida. Por un momento pensé que el
final había llegado, me sentí como un niño
pequeño al que le quitan de sus manos y
sin contemplaciones su juguete favorito,
juguete al que le había tomado tanto cariño;
así lo sentí, me arrebataron a mis queridas
“alimañas”.
La Ruta Quetzal te cambia la vida, de eso no
hay la menor duda. Te enseña a convivir y a dar
sin esperar recibir algo a cambio, así como
también a valorar todas aquellas cosas que
normalmente tenemos a nuestro alcance y
disposición pero que no nos dábamos cuenta que
ahí estaban sino hasta que sencillamente se
esfumaron, como una familia siempre con los
brazos abiertos, una cama tan cómoda y suave
como el algodón que te pide a gritos que te
tumbes sobre ella, o ese simple vaso de agua
fría que servimos de nuestra nevera y dejamos
olvidado y sin la menor importancia en algún
rincón de la cocina. Somos más conscientes,
maduros, abiertos de mente a nuevas ideas y
culturas y sobretodo adquirimos un espíritu de
superación indomable, que nos abrirá muchas
puertas en un futuro no muy lejano, y nos dará
la seguridad para entrar a las puertas
correctas, y nos desviarnos en caminos
erróneos. Tampoco hay duda en que estaría
dispuesto a permanecer 4 días sin ducharme
nuevamente, sucio y con la mismo uniforme
rutero, a realizar agotadoras marchas con la
típica mochila verde en mis hombros o a
despertarme todos los días a las 5:30 de la
mañana por medio de un molesto pero alentador
megáfono, daría eso y mucho más por repetir
esta experiencia inolvidable, la aventura de mi
vida.
Quiero aprovechar la ocasión para agradecer a
todos aquellos que me invitaron a entrar en sus
corazones, a pesar de ser tan diferentes pero a
la vez tan iguales pudiendo comprobar así las
palabras de Jesús, nuestro director de
tertulias, quien dijo “El que más da más
recibe…”, aunque aún no entiendo
que fue lo que di yo para recibir tanto a
cambio, les doy las gracias a todos aquellos
324 extraños que se convirtieron en mis mejores
amigos. De la misma forma agradezco a todo el
personal de la organización, monitores e
individuos anónimos que hicieron posible este
sueño del que no queremos despertar.
Pero hay algo de lo que estoy completamente
seguro, este no es el fin. Es la introducción a
una nueva vida llena de éxitos y valores que
aprendimos en 43 fugaces días que pasaron como
un abrir y cerrar de ojos, también estoy seguro
de que tarde o temprano, pero más temprano que
tarde volveremos a ver nuestros rostros, ya que
nuestros corazones están unidos por recuerdos
imborrables que provocaron esa gran cicatriz en
nuestra alma.
Gracias por crear y hacerme parte de esta
realidad, de esta familia de apellido Ruta
Quetzal.